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29 de Abril de 2008
Algo ocurre en el seno del Sindicato Nacional
de Trabajadores de la Educación, en el seno del SNTE.
Parece haber empezado una batalla por el
liderazgo del sindicato más grande de Latinoamérica, pues agrupa millón y medio
de maestros mexicanos. Mal asunto.
Se alejan de la profesora Elba Esther
Gordillo viejos y fieles colaboradores. Hay un ánimo rijoso muy riesgoso para
el sindicato y para la estabilidad social y política.
El ingeniero Jesús Robles Martínez controló
durante 20 años al sindicato. Entendió que había cumplido su ciclo. Y se fue.
Lo reemplazó Carlos Jonguitud Barrios, quien
durante 15 años manejó al SNTE. Cumplió su ciclo en 1989 y lo sustituyó la
profesora Gordillo.
Manejar al SNTE exige de talento político,
carácter y capacidad para negociar.
Esas cualidades las tiene la profesora, pero
como dice Enrique Guzmán, el mar marea. Debe aceptar que ya cumplió su ciclo.
Quizá deba reflexionar y aceptar su relevo.
Tranquila y calladamente, como lo hicieron sus antecesores.
La profesora debe dimensionar su
responsabilidad.
Su querella con Roberto Madrazo por poco
hace trizas al PRI. Sólo provocó un reacomodo de fuerzas.
Sería irresponsable que por aferrarse al
poder la profesora debilitara al SNTE. Debe irse sin escándalo, para no hacer
del magisterio un botín, pues se hundiría en el caos todo el sistema educativo.
El caos se ha evitado con relevos
institucionales en el SNTE, resultado de
una discreta y eficaz operación política desde el gobierno.
Me pregunto, Joaquín, sí más allá de intrigas
palaciegas y chismorreos, hay alguna operación política desde el gobierno del
Presidente Calderón.
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