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28 de Abril de 2008
Durante casi todo abril la atención de los
medios y la opinión pública estuvo atrapada en la acalorada polémica desatada
por la toma de las tribunas del Congreso, parte de la batalla política por la
reforma petrolera.
La madrugada del pasado sábado, Joaquín,
ocurrieron acontecimientos que nos recordaron cuál es el gran pendiente para
gobiernos y políticos.
En Tijuana, un enfrentamiento entre sicarios
dejó un saldo de 13 muertos.
Como secuela, en la Secretaria de la Defensa
Nacional estuvieron el Presidente Calderón, el gobernador de Baja California y
el Procurador, entre otros funcionarios. Discutieron las acusaciones de
complicidad con el narco que hizo el general Sergio Aponte contra autoridades
de Baja California. Ya cesaron a una funcionaria.
En el Chicago del siglo pasado, la matanza de
siete personas movilizó a todos contra los gángster que controlaban la ciudad.
En Tijuana murieron trece, y antes en
Chihuahua murieron quince. Y no pasa nada.
Las telarañas ideológicas y las rencillas
entre políticos intentan ocultar la realidad del crimen organizado del narco y
su violencia.
Creyéndose sus propios discursos, los
políticos de todos los partidos quieren ignorar al México real.
Y lo que hacen es ignorar a millones de
mexicanos que se sienten amenazados y exigen a los gobiernos y a los políticos
cumplir con su responsabilidad de proteger vidas y bienes de los ciudadanos.
Porque ni los pleitos de los políticos ni sus
pomposos discursos y petulantes declaraciones, pueden ocultar al México real.
Está ahí. No se ha ido.
Y reclamó atención el pasado fin de semana.
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