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Anoche en Tercer Grado se comentó del granvacío que ha quedado en el centro político.
Fue de alguna manera el reconocimiento del
resurgimiento de la polarización política como resultado del discurso de
rencor, resentimiento y odio que dominó durante la campaña por la Presidencia
en 2006.
Algún autor argentino escribió que la
polarización política es la antesala de la confrontación social, la antesala de
la violencia.
La polarización social busca agotar las vías
institucionales de mediación y conciliación.
Refleja entre quienes la promueven su poco
afecto por el pluralismo y una creciente intolerancia que rechaza las reglas
del juego democrático.
Es un diagnóstico severo. Para algunos
refleja lo que ocurre en nuestra sociedad mexicana.
Sin embargo, Joaquín, no pienso que la
polarización política sea generalizada.
Pienso que por fortuna sólo está polarizada
la clase política, no la sociedad.
Es la oportunidad para que alguna corriente
política ocupe el centro político y busque restablecer el diálogo.
Una formación política que ocupe el centro
político es la mejor vacuna contra las
consecuencias de la polarización.
No se puede impedir el diálogo político. El
diálogo político, Joaquín, conduce a la estabilidad y a la resolución
civilizada e institucional de los conflictos, de todos los conflictos.
No olvidemos la polarización de la España de
los años 30. Recordemos aquella declaración de un viejo soldado franquista ya
contada en este espacio:
Decía: para los republicanos, los franquistas
éramos el diablo. Para los franquistas los republicanos eran el diablo.
El diálogo político era imposible.
Y estalló la guerra civil española.
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