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Ausentes los perredistas de las sesiones del
Congreso, celebradas en sedes distintas a los salones principales del Senado y
la Cámara de Diputados, estos últimos días de abril los dedican los
legisladores que no tomaron tribunas a aprobar leyes.
Y cuando decimos aprobar, Joaquín, es porque
se percibe una suerte de fiebre para pasar las iniciativas que tenían
pendientes.
Por lo pronto, en la Cámara de Diputados ya
se aprobó la convocatoria para que acudan a registrarse todos aquellos que
quieren resolver su vida en el cargo de consejeros electorales del IFE.
Pero así como tantas leyes necesarias,
también aprueban otras que no lo son tanto.
Lamento decir que coincido con Yeidckol
Polenvsky, pero tuvo razón en criticar la ley de adquisiciones que se aprobó
ayer en el Senado.
Más allá de la palabrería legal, dicha ley
abre de par en par las puertas a las empresas extranjeras para hacer obra
pública para los tres niveles de gobierno.
Curioso, porque al menos en Estado Unidos,
hay leyes federales y locales que crean restricciones que hacen casi imposible
que empresas extranjeras hagan obra pública.
En casi todos los estados de la Unión
Americana hasta prohíben que la obra pública la hagan empresas que no sean del
Estado correspondiente.
Aquí no, Joaquín, aquí no importan las
empresas mexicanas y los miles de empleos que generan.
Con fe ciega promovemos la globalización.
Claro, hay que cuidar que en el extranjero no nos reclamen no apoyar la
globalización.
Como si manejar el país se tratara de
cuidarse del qué dirán.
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