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En torno a la educación gira la mayoría de
los problemas nacionales. Quizá por eso el gobierno calderonista anuncia una
reforma educativa.
No sabemos aún qué se cambiará o que se
eliminará de los programas actuales.
Como sea, la reforma educativa no podrá
realizarse si no se cuenta con el respaldo de millón y medio de maestros que
trabajan para la educación pública.
Porque al final del día serán ellos, los
maestros, quienes tendrán que enseñar los nuevos programas educativos.
Casi todos los maestros de la República se
agrupan en el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación que dirige la
profesora Elba Esther Gordillo.
Por eso preocupa que se empiece a dejar
sentir agitación política en el sindicato.
Quizá en algunos despachos han concluido que
el ciclo de la profesora al frente del sindicato ya terminó.
Hay indicios de que la agitación es una torpe
promoción desde el poder.
Sería una prueba más de que en el poder no
hay sentido de la historia ni del Estado.
Desde hace medio siglo, los relevos en el
SNTE han sido mediante impecables operaciones política, de gran precisión.
Pacíficos, pues. Así se evitaron el desorden y el caos sindical en el
magisterio de la República.
Si quienes promueven la agitación desde el
poder no actúan con precisión política, se abriría la puerta a la anarquía y al
caos sindical. ¿Qué tal el magisterio bajo el control de los vagos de la
coordinadora?
No sólo sería imposible la reforma educativa.
Toda
la educación pública se iría por el caño.
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