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Aunque no abandonan las tribunas que tomaron
en las Cámara de Diputados y Senadores nos hacen el favor de aceptar que el
Congreso sesione en sedes alternas para desahogar los asuntos pendientes.
Ese gesto generoso merece una retribución.
Propongo pues que hagamos una colecta para enviarles ramos de flores y canastas
de fruta a los legisladores del Frente Amplio Progresista.
Peso esa generosidad del FAP tiene límites.
Rechazan darse cincuenta días para discutir la iniciativa de reforma petrolera.
Quieren un debate de 120 días.
Pero un debate del Congreso no es un simple
ejercicio de retórica. Es un método para que el Congreso consulte a la
sociedad, escuche todas las opiniones y así poder formarse una opinión
mayoritaria.
Ahora salen los lopezobradoristas con que el
debate lo coordinen cuatro intelectuales. No, Joaquín, no puede ser, porque se
corre el riesgo de que la jornada de discusiones se convierta en una
reproducción de aquel IEPES priísta, aquel IEPES que revivía cada campaña
presidencial. Se hacían reuniones en las que hablaban todos los que tenían algo
que decir sobre un tema. Las reuniones, con ese formato, se convertían en
torneos de mentiras. Los quince minutos de gloria que tantos ansiamos.
El formato propuesto por los
lopezobradoristas sería eso, un torneo de mentiras.
Porque esa consulta o debate no pueden
sustituir la responsabilidad legal y constitucional de los legisladores.
Ellos serán quienes decidirán si aceptan,
modifican o rechazan la reforma petrolera.
Ese es el proceso constitucional y legal para
hacer leyes.
Lo demás, para decirlo elegantemente, lo
demás es bullshit.
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