|
Desde hace varias
semanas Andrés Manuel López Obrador había amenazado con una huelga legislativa.
Eso es imposible, decía la mayoría.
Ya vimos que no.
Nadie debe sorprenderse por las tomas de las
tribunas del Congreso.
Es un episodio lamentable, vergonzoso, si se
quiere, pero es una etapa más de la lucha de confrontación que mantiene Andrés
Manuel López Obrador.
Este episodio, insisto, vergonzoso, le ha permitido
a López Obrador doblegar a los legisladores perredistas más moderados.
Ayer no sólo fue secuestrado el Congreso. De
hecho se acallaron las voces más razonables y racionales de la izquierda
mexicana.
Por lo pronto, el debate es imposible. Los lopezobradoristas
no aflojarán la presión.
Los adversarios de López Obrador apuestan al
desgaste político que significa las tomas de las tribunas del Congreso.
A López Obrador y a sus seguidores no les
importa el desgaste. Lo dijo Ricardo Monreal: “… no estamos sujetos a lo que
diga la opinión pública o al desgaste político”.
A la izquierda sí deberían importarles,
porque de esa opinión pública la forman millones ciudadanos cuyos votos los
podrían llevar al poder por la vía electoral.
Ruta peligrosa la de López Obrador. Su
táctica bloquea las vías institucionales para la resolución de los conflictos.
Así ocurrió en España hace ya casi 75 años.
Se volvieron imposibles el diálogo y la negociación. Callaron las voces de la
política. Después sólo se escuchó el estruendo de la violencia armada. Eso pasa
cuando dominan los gritos de los violentos.
Ruta peligrosa, Joaquín, porque de la
violencia verbal hay un paso a la violencia física.
|