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En medio del
estruendo de las discusiones de una reforma energética que nadie ha propuesto,
se perdió la aprobación hecha ayer en la Cámara de Diputados de una reforma a
la ley orgánica del Congreso.
¿Por qué es importante esa reforma? Pues
porque se refiere al nombramiento del contralor general del IFE y de los tres
nuevos consejeros.
La Junta de Coordinación Política escogerá al
contralor que supervisará la operación del Instituto Federal Electoral y le
rendirá cuentas, por supuesto, a la Cámara de Diputados.
Pero también se hará, otra vez, la
convocatoria para elegir a los tres nuevos consejeros que desde octubre pasado
decidieron se tendrían que ir el próximo agosto.
Algunos proponen que ya no se haga una nueva
convocatoria, que de la lista existente de aspirantes se escoja a los tres
nuevos y de una vez podrían resolver el asunto.
Pero también, Joaquín, ya acordaron los
senadores y diputados una división de trabajo para darle celeridad a la
revisión de las 16 leyes secundarias que tienen que ser adecuadas a la reforma
constitucional electoral.
Todo esto, al final del día, simplemente
viene a demostrar que en las siete sesiones que le faltan a las dos Cámaras de
aquí al 30 de abril, apenas les alcanzará el tiempo para aprobar esos
dictámenes.
Será interesante, Joaquín, saber a quién van
a designar como contralor del IFE y saber sí sólo hará tareas administrativas.
O sí, como muchos tememos, será el comisario
político que controlará hasta el modo de andar del Instituto Federal Electoral.
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