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Hace tiempo, Joaquín, un delegado del PRI,
recién enviado el Estado de Chihuahua, me hizo saber de su asombro ante el
tamaño del Estado. Descubrió que para visitar muchas poblaciones tenía que
hacerlo en avión, sí quería regresar a chihuahua capital el mismo día.
El mismo asombro invade a la clase política
que aprobó la reforma electoral.
Resulta que el IFE necesita mil millones de
pesos para cumplir con la tarea de vigilar la transmisión de los spots de los
partidos. Debe asegurarse que sea transmitida de acuerdo a los tiempos y
espacios asignados a cada medio.
Ahora descubren que no es cierto que fuera de
México todo es Cuautitlán. Que allá en el resto de la República hay un enorme
universo de radiodifusoras y televisoras.
Y, para empezar, ex un problema de logística
la distribución oportuna y adecuada del material grabado o videograbado a todas
las radiodifusoras y televisoras de la República.
El problema se complica cuando se trata de
verificar la transmisión de todo esa material en toda la República. Cuando,
como dicen en el lenguaje del oficio, hay que monitorear a todas las
radiodifusoras y televisoras de la República.
Al enfrentarse a la realidad, el Instituto
Federal Electoral se encuentra que esa tarea cuesta dinero, mucho dinero.
Para monitorear dice el IFE va a necesitar lo
que nos dijeron que se ahorrarían los partidos.
El dilema, Joaquín, es que sin monitoreo la
campaña electoral de 2009 puede convertirse en un herradero.
Y con todo y reforma electoral, todo habrá
cambiado para seguir igual.
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