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Como suele ocurrir en nuestro país, cuando
estaba por ser una realidad la apertura agrícola empezaron acaloradas
discusiones acerca de qué hacer para enfrentarla.
Esta tardía reacción la compartieron el
gobierno, las organizaciones campesinas y, por supuesto, los partidos
políticos.
El Secretario de Agricultura Alberto Cárdenas
Jiménez recibió exigencias de renegociar el tratado de libre comercio.
No supo explicar los riesgos de una
renegociación. Y Cárdenas Jiménez perdió toda capacidad de interlocución.
El gobierno el Presidente Calderón, sabedor
de los riesgos que implicaría renegociar el TLC, hace a un lado al Secretario
de Agricultura y designa al Secretario de Gobernación Juan Camilo Mouriño a
negociar con las organizaciones campesinas.
En esas estamos, cuando de pronto anoche en
Cleveland, Ohio, los precandidatos demócratas a la Presidencia de Estados
Unidos Hillary Clinton y Barack Obama le dijeron al público norteamericano que
ambos están dispuestos a exigirle a México y Canadá una renegociación del
Tratado de Libre Comercio.
Y fueron más allá.
Dijeron que amenazarían a México y Canadá con
salirse del TLC, a menos que acepten una renegociación.
Siempre pensé que pese a sus fallas, el TLC
logró proteger a sectores vitales de la economía mexicana. Una renegociación
obligaría a México a abrirse todavía más a la inversión extranjera.
Sería un error histórico. Terminaríamos
perdiendo lo poco que conseguimos conservar en 1994, porque Obama y Clinton
quiere renegociar el TLC para proteger los intereses norteamericanos, nada más,
pero nada menos.
El sueño irresponsable de tantos políticos
mexicanos puede hacerse realidad.
La renegociación del TLC convertiría el sueño
en pesadilla.
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