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Hace algunos meses, Joaquín, estuvo en este
tu espacio el historiador, escritor y periodista Héctor Aguilar Camín.
Comentábamos con él sobre esa tendencia,
costumbre, predisposición y hasta manía de los mexicanos a enfrascarnos en
discusiones sobre el pasado, discusiones que sólo mantienen vivos los enconos
de hace más de siglo y medio.
Aguilar Camín simplemente nos dijo: es que el
pasado nos pesa mucho.
Eso se
refleja hasta en los acontecimientos más rutinarios, los menos espectaculares.
Hace poco más de una semana leí una
escandalizada información sobre la petición que hacían algunos prelados
católicos para que en el Senado se creara una comisión de Asuntos Religiosos, aunque la petición la
hicieron todas las iglesias.
Como sea, parece que el Senado creará esa
comisión. Una nota periodística habla de los senadores que quieren presidirla.
Lamentablemente, convierte un asunto rutinario en algo así como una disputa
entre senadores de distintas religiones.
Entre el católico Federico Doring, la cristiana Judith Díaz, y el evangélico
Rubén Velásquez.
Pienso, Joaquín, que la filiación religiosa de
quien presida la comisión debe ser irrelevante. Lo que importa es que sea una
persona que desempeñe el cargo con honestidad, con integridad, con honradez.
Es más, pienso que no debe importar si los
funcionarios y políticos practican una religión o no practican ninguna.
Pero hay muchos, demasiados, Joaquín, que
quisieran que los políticos y funcionarios debieran disculparse por practicar
una religión, especialmente si son católicos.
Hay muchos, Joaquín, demasiados, a quienes
el pasado no sólo les pesa, es como una losa que les oprime el alma.
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