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Sorpresivamente, Fidel Castro renuncia a
algunos de los puestos políticos que detenta en Cuba desde el triunfo de la
revolución cubana.
Castro es, sin duda, un personaje central,
fundamental para la historia de la segunda mitad del siglo 20 una pieza vital
en la guerra fría que sostuvieron durante casi 45 años Estados Unidos y la
Unión Soviética.
En los 50 años que ha gobernado Cuba, ha
sobrevivido a más de 600 atentados contra su vida. Sólo el régimen comunista de
China ha durado más años.
Más que probadas sus espléndidas habilidades
para retener el poder y mantener un régimen comunista en una isla a sólo 90
millas de Estados Unidos.
Es un político de cualidades excepcionales,
con una magnífica visión estratégica y táctica.
La proeza del derrocamiento del dictador
Batista por los guerrilleros de la Sierra Maestra inflamó la imaginación de
quienes vivimos la época.
Por haber vivido la época, me pregunto si
bien las figuras de los hombres del poder están formadas por claroscuros no se
olvidan convenientemente los densos oscuros de la personalidad de Castro.
Son claros y luminosos los logros de una
educación universal de calidad y un sistema de salud impecable.
Son densos oscuros de la figura de Castro los
fusilamientos de miles de opositores, el encarcelamiento de cientos de miles de
cubanos, el férreo control de la sociedad cubana durante medio siglo.
Quizá, como dicen, algunos el torpe bloqueo norteamericano
contribuyó a fortalecer a Castro en el poder.
Y digo en el poder porque Castro ha
renunciado a posiciones políticas, pero todavía no renuncia al poder.
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