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Para México es importante quien será el nuevo
inquilino de la Casa Blanca, porque la relación con Estados Unidos involucra no
sólo el intercambio comercial, sino la posibilidad de inversiones productivas
en nuestro país.
Involucra la indispensable cooperación para
combatir al crimen organizado. Y, claro, la necesidad de encontrar fórmulas que
alivien la situación de los millones de mexicanos indocumentados que sobreviven
y trabajan en Estados Unidos.
Por eso es importante para nosotros saber
quién será el próximo Presidente de Estados Unidos.
Hay sectores de la opinión informada de
México que han sido seducidos por la maravillosa retórica del precandidato
demócrata Barack Obama.
Los discursos espléndidamente escritos y
mejor leídos por Obama han embelesado a muchos norteamericanos y a no pocos
mexicanos.
Es que algunos olvidan que cuando habla de
“América” no habla del continente, habla sólo de Estados Unidos.
Sus discursos tienen poca sustancia, sólo
dicen lo que su auditorio quiere oír.
Será decisión de los norteamericanos si
compran o no el sueño.
Los mexicanos debemos ser realistas.
Entendamos que detrás de la retórica de Barack Obama hay más que un sueño, hay
un mensaje de división social, un mensaje deprimente.
Insisto, allá los norteamericanos.
Pero el sueño de Obama incluye políticas para
impedir que los trabajos de los norteamericanos sean exportados a otras
naciones.
Se opone a los acuerdos comerciales como el
TLC.
Propone más proteccionismo norteamericano. O
sea, más trabas a lo que México produce y exporta.
Y eso, para México, Joaquín, ya no sería un
sueño, sino una pesadilla.
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