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Hoy, en Los Ángeles, California, culmina la
gira que desde el pasado lunes ha realizado el Presidente Felipe Calderón por
varias ciudades norteamericanas.
Como muchos, opiné que quizá no era el
momento más oportuno para dicha gira, por efectuarse cuando los norteamericanos
están enredados en una competencia por las candidaturas presidenciales, una
competencia que es cada vez más intensa y cada vez más emocional.
Pero las reuniones, discursos y entrevistas
del Presidente Calderón han tenido un singular matiz de discreción.
Ha sido, hay que reconocerlo, una gira
presidencial con un intencional perfil bajo.
Muchos se preguntan cuál fue el objetivo de
la gira.
Confieso que tampoco lo sé. Quizá se trató,
como otras veces en el pasado, de plantear la posición mexicana en los círculos
intelectuales, empresariales y políticos de las comunidades visitadas.
En el pasado, los presidentes de la República
han conseguido obtener reconocimientos y a veces decisiones favorables cuando
han apelado al interés de los distintos sectores de la sociedad norteamericana.
Convencidos, esos sectores han sido los mejores cabilderos para los asuntos de
México en el Congreso.
Tal parece que el Presidente Calderón hizo el
viaje bajo la premisa de que si convencer a esos sectores, contará con
poderosos aliados en el Congreso norteamericano.
Porque en el singular sistema político de
Estados Unidos, Joaquín, los mejores aliados son los grupos de interés, los
grupos que pueden ganar mejores relaciones con México y con un acuerdo
migratorio.
Ya lo dijo Jacinto Benavente: para salir
adelante con todo, mejor que crear afectos es crear intereses.
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