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Desde la Secretaría de Hacienda se ha hecho
otro pronóstico sombrío sobre el futuro de México en materia petrolera.
Se informa de una caída de 170 mil barriles
diarios de petróleo y se augura que en menos de una generación nuestro país
habrá dejado de ser exportador de petróleo.
Al final, según Hacienda, significa que se
reducirán drásticamente los ingresos del fisco federal y que el gobierno de la
República podría tener que manejar un déficit de hasta 8 por ciento del
producto interno bruto.
No es una buena noticia.
En cualquiera otra Nación habría prisa para
hacer un análisis riguroso y resolver el problema antes de que nos estalle en
la cara.
Pienso que México debería estar ocupado en
hacer ese análisis riguroso.
Difícilmente puede hacerlo y llegar a
conclusiones racionales y razonables si en lugar de unir esfuerzos para
encontrar soluciones cada quien se
atrinchera en su posición ideológica y partidista.
Pero los políticos, los funcionarios y los
empresarios no unen esfuerzos y se encierran en sus posiciones.
Nadie, por supuesto, quiere que el Estado
Mexicano deje de mantener el control del sector petrolero, pero entre los
extremos, siempre radicales, existe un gran espacio para la negociación
inteligente.
Ese espacio para la negociación inteligente
es el que parece imposible de construir
No lo podemos construirnos porque estamos
atrapados, otra vez, por las mezquindades de las élites políticas y económicas
de la República.
Y otra vez, Joaquín, el futuro de la Nación
está en sus manos.
Ojala y no lo sacrifiquen, como tantas veces
en el pasado.
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