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Ya está en Estados Unidos el Presidente
Felipe Calderón.
Hoy tendrá varias reuniones en Nueva York y
en Boston.
Quizá es ocioso alegar que no es el mejor
momento para una gira de Estados Unidos, por el riesgo de ser acusados de
entrometernos en sus procesos políticos.
Muchas reuniones tendrá el Presidente
Calderón con autoridades locales, miembros de las comunidades empresariales y
financieros y, claros, con organizaciones de migrantes.
Su esposa, la señora Margarita Zavala de
Calderón por separado tendrá reuniones con organizaciones que defienden los
derechos de mujeres migrantes.
Escucharán muchas quejas, conocerán agravios
y siempre estará la tentación de criticar con agresividad el trato que reciben
los mexicanos en Estados Unidos.
Ese es el riesgo, porque los norteamericanos
serán muy democráticos, algunos hasta muy liberales; pero la mayoría se ponen
histéricos cuando un gobernante va a decirles algunas verdades en su cara y en
su casa.
Al final, los políticos que están en campaña
lo que quieren son votos y harán lo que sea por ganarlos.
Por eso el republicano McCain y los
demócratas Obama y Hillary Clinton, en materia migratoria, le dicen a sus
compatriotas lo que quieren oír.
Nadie se va a pelear con sus votantes. Y si
para ganar un voto tienen que criticar al gobierno de México, lo harán sin
pensarlo dos veces, sobre todo en medio de un campaña tan intensa como la
actual.
Dicen que la gira presidencial será una gira
discreta. Ojala, porque dicen que en la oratoria a veces vale más la discreción
que la elocuencia.
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