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Los diputados y senadores tienen muchos
pendientes.
Tienen pendiente aprobar las modificaciones
en 18 leyes secundarias para adaptarlas a las reformas constitucionales en
materia electoral.
Tienen pendiente un tema delicado, la
aprobación de la ley de medios, en la cual hay que controlar las tentaciones,
pues hay muchos que quisieran una ley de medios abusiva y restrictiva.
La gran discusión, es la que tendrá que
ocurrir sobre la reforma energética.
Quizá, como decías ayer, Joaquín, la reforma
energética será muy modesta, una reforma light, porque en las circunstancias
actuales, como nunca, los cambios a profundidad son muy difíciles.
Ya desde ahora la atmósfera empieza a ser de
intransigencia.
Un sector de la izquierda, encabezado por
Andrés Manuel López Obrador intenta crear un falso debate, casi al estilo de
Hamlet: privatizar o no privatizar.
Las posiciones intransigentes, maniqueas, no
ayudan a resolver el problema que representa la declinación de la producción
petrolera de México.
El dilema energético de México es sencillo:
¿ cómo reemplazar los barriles de petróleo que poco a poco se dejan de producir
por el agotamiento de pozos petroleros? ¿ Cómo evitar que México empiece dentro
de dos años a verse forzado a importar petróleo? ¿Cómo evitar que los altos
precios del petróleo que ahora benefician a la economía mexicana se conviertan
en un riesgo, si importáramos crudo?
Esas son las preguntas que tendría que
responder una reforma energética.
El debate tiene que ser racional, porque sólo
una discusión racional ayudará a resolver el dilema.
Lástima, Joaquín, que lo racional haya estado
tan ausente de nuestra actual política.
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