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Ayer se efectuó una marcha más en el DF.
Masiva la marcha.
Voces interesadas denuncian que la marcha
representa los intereses de líderes de organizaciones confrontadas con el
Secretario de Agricultura.
Quizá. Pero nadie busca las razones
auténticas de esa confrontación.
Los funcionarios se aprovechan que desde
nuestra cultura urbano no entendemos bien a bien los problemas del campo.
La entrada en vigor del capítulo agropecuario
del TLC, no importa cuántos y optimistas escenarios se diseñen en los despachos
oficiales, tendrá repercusiones en la vida de los 25 millones de mexicanos que
viven en las zonas rurales de la República.
Es una grosería torpe criticar a los
campesinos por no prepararse para la competencia internacional.
Nadie habla del criminal desmantelamiento de
todas las instituciones creadas para apoyar a los campesinos.
Nadie habla, por ejemplo, de la devastación
causada en la economía rural por la privatización de la elaboración y
comercialización de fertilizantes.
Es una tontería y una injusticia
descalificar la marcha porque es un movimiento político, porque toda
movilización es política. Y juzgarla sólo como confrontación entre partidos y
gobierno.
Que ceguera, Joaquín. Los problemas del
México rural son serios, quizá no tanto como para estallidos sociales, pero si
suficientes para arruinar la vida de millones de personas.
¡Qué injusticia que la suerte de millones de
personas que viven en el México rural se reduzca a discusiones y discursos
entre partidos y funcionarios!
El México rural no importa, Joaquín, porque
nosotros, igual que los políticos y los funcionarios somos apenas flores de
pavimento.
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