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Siempre es refrescante, muy estimulante
descubrir que uno no ha perdido la capacidad de asombro.
Para mi ha sido asombrosa la vindicativa
reacción por el apagón ocurrido la semana pasada en la ciudad de México y sus
alrededores a causa de los ventarrones que azotaron el Valle de México.
Los norteamericanos, incluidas sus
aseguradoras, califican a los tornados, las tormentas y ventiscas que suelen
azotar a sus comunidades como “actos de Dios”, con lo cual subrayan lo poderoso
de la naturaleza.
Aquí no, Joaquín. Alguien tiene que ser
culpable. Cierto, Luz y Fuerza no es el mejor ejemplo de eficiente empresa
eléctrica. Su contrato colectivo es una pesada carga financiera. Y todos
sabemos que muchas de sus instalaciones y equipo son viejos.
Aun así, pienso que es una exageración culpar
a la empresa eléctrica por el apagón.
Se utiliza el falaz argumento de que es una
empresa pública. Por favor, Joaquín, en Estados Unidos ocurren muchos apagones
cuando hay tormentas o fuertes ventarrones.
Y las empresas eléctricas no son públicas,
son privadas.
Con estridencia se calificó como frágil la
estructura de Luz y Fuerza.
Es posible, porque también es cierto que no
se invierte en ella todo lo necesario.
Pero hablemos de fragilidad.
El pasado sábado hubo fuertes ventarrones en
Europa Central.
Se quedaron sin servicio eléctrico cientos de
miles de domicilios. Se paralizaron los trenes que allá son eléctricos y
transporte vital de pasajeros.
Ya encarrerado, me dije, qué frágil es el
sistema eléctrico de Europa. No aguanta unos ventarrones.
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