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Estrujante, acusador, el reportaje que
transmitiste el pasado viernes sobre la tragedia de la niña Magali de Nayarit.
Lacerante imagen de los efectos de la desigualdad
y la pobreza. Escenas y hechos que se multiplican a lo largo y lo ancho de la
República como descarnado retrato de la incuria, indiferencia e
irresponsabilidad de nuestra clase política y gobernante.
Magali, según el reportaje, se contagió de un
padecimiento bacterial, resultado de la contaminación de un río que tenía que
atravesar para poder llega a la escuela.
El puente lo empezaron a construir; pero
dicen que se acabó el presupuesto. Lo de siempre: no hay dinero, y a otra cosa.
La muerte de Magali, Joaquín, dirán no es
culpa de nadie. Se equivocan, Joaquin. Es culpa de todos.
De todos, Joaquín.
¿Dónde están los diputados locales y
federales del distrito donde se ubica la humilde comunidad de Magali?
¿No hay acaso tres senadores por Nayarit que
debieran preocuparse por sus representados?
¿No tiene un gobernador Nayarit¡
¿No hay una Secretaría federal de Desarrollo
Social?
¿Dónde estuvieron las autoridades ambientales
para impedir la criminal contaminación del río que enfermó a Magali? ¿Cuántos niños tendrán que morir por
atravesar un río contaminado?
¿Cuántas Magali deben morir para que los
políticos y los funcionarios se ocupen de los problemas de la desigualdad y la
pobreza y no de sus ambiciones y mezquindades?
Por eso digo que todos son culpables, porque
nada vale la pena si realizarlo cuesta la vida de una niña o un niño.
Nada, Joaquín, nada
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