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Es posible que el Presidente Felipe Calderón
tenga razón al recordarnos las ventajas que acarreó el Tratado de Libre
Comercio con Estados Unidos y Canadá.
Más allá del capítulo agropecuario, el hecho
es que a partir de 1994 aumentaron exponencialmente las exportaciones mexicanas
al mercado norteamericano.
Ayer comentó el Presidente Calderón que hay
que seguirle apostando a la integración económica. Ese fue el objetivo original
del TLC: la integración económica.
Hace 18 años, un financiero de Wall Street me
dijo que el objetivo del TLC era
formar un mercado común de Norteamérica. Algo así como el mercado común
europeo.
La diferencia, Joaquín, en estos 14 años, ha
sido que en el mercado común europeo los países ricos subsidian a los menos
ricos.
Así lo hicieron con España, cuando se
incorporó al mercomún. Los subsidios compensaron las enormes diferencias que
había entre la economía de España y las economías de Francia y Alemania.
Esa diferencia es el problema, porque en el
TLC entre México, Estados Unidos y Canadá, no se establecieron mecanismos de
apoyo y subsidios para compensar las asimetrías evidentes.
Entonces, mientras no se corrijan las
asimetrías, México seguirá siendo el socio pobre de Estados Unidos y Canadá.
Y será imposible la integración económica.
Sin dejar de apostarle a la integración,
México bien haría en atender más al mercado doméstico, en proteger más a la
economía mexicana.
Si los socios del TLC cambian el tema cuando
se les recuerda que con la integración económica europea vino el libre tránsito
de personas.
Sin libre tránsito de personas la integración
económica es imposible.
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