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El sexenio del Presidente Felipe Calderón
arrancó con operativos contra la violencia de la delincuencia organizada.
Se ha cumplido un año de gobierno y sigue la
violencia.
Es cierto, Joaquín, algunos de los operativos
han tenido éxito y han reducido la presencia arrogante de los sicarios del
narco en algunas comunidades.
Pero siguen las ejecuciones, siguen los
decapitados.
En esta fase de la violencia los atentados
son contra los policías y los militares y contra todo aquel que los criminales
consideran una amenaza.
Será hasta el próximo febrero cuando el
Congreso destrabe la reforma de justicia penal. Esta iniciativa, modificada en
el Senado, tendrá que ser aprobada por los diputados.
Pero no hay que pecar de optimistas.
Primero, porque esas iniciativas en materia
penal y de justicia contienen reformas constitucionales. Lo cual significa que
todavía tienen que ir a las legislaturas y que más de la mitad de éstas tienen
que aprobarlas.
Segundo, porque habrá que darle tiempo a que
los cambios se asienten y empiecen a aplicarse en todo el sistema legal y de
justicia.
Entretanto, el gobierno del Presidente
Calderón tendrá que seguir enfrentando a la violencia de los criminales del
narcotráfico.
Se nos dijo a principios del sexenio que la
lucha contra la delincuencia organizada sería a largo plazo. Que costaría
vidas.
A un año de los operativos iniciados en
Michoacán, debiera quedarnos claro que la batalla apenas ha empezado.
Me sigo preguntando si la sociedad mexicana,
con tantos corazones sangrantes, tiene el ánimo y el temple necesarios para una
lucha necesaria para su propia supervivencia.
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