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Hay una historia de cómo un grupo de ciegos
fueron llevados a tocar un elefante para que lo describieran.
El que tocó sólo el costado del animal dijo que
el elefante es como una pared, quien tocó la pata, dijo que era como una
columna, y quien tocó la trompa lo describió como una gran serpiente.
Así pasa con la reforma energética. Cada
quien tiene que personal visión sobre cómo tiene que ser la reforma energética
que todos dicen, en México y en el extranjero, es el siguiente paso
trascendental que nos hace falta.
Más allá del terrorismo verbal de algunos
análisis oficiales, donde se pronostica que si no se hace la reforma energética
volveremos a ser país importador de petróleo, es un hecho que el año próximo el
gobierno del Presidente Calderón tendrá que enfrentar el reto de hacer una
reforma energética.
La discusión apenas empieza. Se
confrontarán en 2008 las distintas visiones sobre Petróleos Mexicanos.
Esas visiones se confrontarán aún en el seno
del gobierno del Presidente Felipe Calderón, porque hay muchos funcionarios que
son partidarios de abrir al capital privado a Pemex.
Pero el asunto tiene matices políticos que no
pueden ser ignorados.
Las encuestas muestran que la abrumadora
mayoría de los mexicanos está contra la privatización de Petróleos Mexicanos.
Esa es una realidad política que no pueden ignorar ni siquiera los más
entusiastas partidarios de una radical reforma energética.
Al gobierno del Presidente Calderón sólo le
queda intentar una reforma energética que sea posible, que sea políticamente
viable.
Y eso, Joaquín, será lo más difícil.
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