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En este tu espacio, Joaquín, a raíz del
desastre ocurrido en Tabasco por las inundaciones, se advirtió sobre la
necesidad de que los gobiernos, estatal y federal, actuaran no sólo con
celeridad, sino también con eficacia para atender a los damnificados y proceder
a la reconstrucción con mecanismos eficientes.
Como siempre, en la emergencia se toman
decisiones rápidas, sobre la marcha. Pasada la emergencia las decisiones caen
bajo el control de la burocracia. Y se retrasa la aplicación de los programas.
Por supuesto que toda ayuda y apoyo a los
damnificados debe manejarse con cierto orden; pero ocurre Joaquín, el orden
impuesto es el de los cuentachiles que todo condicionan.
Cuando esto ocurre, se abren los espacios
para los agitadores, para esos dizque luchadores dispuestos siempre dispuestos
a aprovecharse de cualquier oportunidad para medrar con las necesidades de la
gente.
Ayer ya fueron azuzados un grupo de
damnificados que bloquearon algunas calles en Villahermosa y tuvieron que ser
dispersados por la policía.
En los próximos días llegará a Tabasco Andrés
Manuel López Obrador, para organizar a sus comités de base y, claro, para
organizar las exigencias de los damnificados.
El actual atraso en los programas en Tabasco
es la oportunidad para la agitación.
Es que no tienen razón en las reclamaciones,
dicen los cuentachiles desde sus escritorios.
Si el gobierno federal decide irse de
vacaciones, le dejarán el campo libre a los oportunistas, siempre dispuestos a
explotar las necesidades de la gente.
Y Tabasco puede convertirse en un grave,
gravísimo problema político.
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