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La semana pasada el Presidente Felipe
Calderón convocó a la sociedad mexicana a no flaquear en la lucha contra el
crimen organizado.
Los operativos del gobierno federal, con el
apoyo del Ejército y la Marina, han golpeado a las mafias del narcotráfico, es
cierto, pero a pesar de la presión de los operativos, las mafias no están
dispuestas a ceder.
Estamos a semanas de que termine este 2007 y
las estadísticas periodísticas registran hasta la fecha la muerte violenta de
2,700 personas a manos de los sicarios del crimen organizado.
De esas 2,700 personas asesinadas cuando
menos 400 han sido miembros de las fuerzas armadas y de las organizaciones
policíacas.
Es el costo en vidas de que habló el
Presidente hace un año. Y esto apenas empieza.
En su discurso de la semana pasada, el
Presidente Calderón reconoció que el crimen organizado ha empezado a presionar,
a amedrentar, a corromper, para infiltrarse en la vida política local y
nacional.
Al menos en dos de los procesos electorales
de este año, en Michoacán y en Tamaulipas, en algunos municipios se sintieron
las amenazas y presiones de las mafias del narcotráfico.
El asesinato la semana pasada de un ex
alcalde tamaulipeco podría ser el detonador de una reacción de rechazo de la
sociedad, como hace 20 años ocurrió en Colombia.
Quien sabe, Joaquín.
Todavía me pregunto si los hombres del
gobierno, los hombres de la política, si la sociedad toda tenemos el temple
para confrontar en sus términos de violencia al crimen organizado.
No lo sé.
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