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Mañana cumple Felipe Calderón su primer
año como Presidente de la República.
La turbulenta sesión de Congreso General
en la cual rindió su protesta hace un año fue el anticlímax, Joaquín, porque se
evitó una crisis constitucional.
A pesar del arranque atropellado, en
términos constitucionales, legales y políticamente prácticos Felipe Calderón es
el Presidente de México.
Es ocioso perder el tiempo en discutir su
legitimidad.
Esta semana y la próxima, el primer año de
su sexenio será analizado desde los más diversos y contradictorios puntos de
vista. ¿Acaso no presumimos de pluralidad?
A veces, decía don Miguel de Unamuno,
parece que corren los días y no pasa nada. Tiempo después uno descubre que ha
pasado todo.
Insisto que en Los Pinos sería bueno hacer
una valoración racional y juiciosa de lo realizado, pero sobre todo, de lo no
realizado. Revisión de errores y aciertos.
Un alto en el camino para revisar otra vez
la agenda de las prioridades. Dejar sólo aquellas que sean realistas, posibles
y políticamente viables.
No ha sido un año fácil. Por algo decía
don Porfirio Díaz que gobernar a los mexicanos es más difícil que arrear
guajolotes a caballo.
El Presidente Calderón y su equipo, sin
duda, ya empiezan a sentir el peso de la enorme responsabilidad de gobernar a
México.
Y el gran desafío de entregar en 2012 un
país mejor del que recibieron.
Ojala y en Los Pinos recuerden lo dicho
por el español Felipe González:
Al gobernar aprendí a pasar de la ética de
los principios a la ética de las responsabilidades.
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