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No hay duda, Joaquín, que las quejas por
la forma, digamos apabullante, con que los diputados decidieron renovar al
Instituto Federal Electoral no fueron escuchadas.
Los tres grandes partidos, llamados por
algunos el G-3, ya se habían puesto de acuerdo. Y las críticas y opiniones
simplemente no contaron.
El próximo viernes se cierra el registro
de aspirantes a consejeros electorales.
Por ahora se elegirá a tres, entre ellos
al consejero presidente del IFE.
El registro ya empieza a parecer
directorio telefónico.
Se ha registrado medio mundo.
Hay de todo, desde el ex consejero Jaime
Cárdenas, ex funcionarios electorales y hasta quien fuera el segundo de la
Organización Editorial Mexicana, Guillermo Chao.
Cuando los diputados elijan, sabremos quiénes
cuentan con la simpatía de los tres grandes partidos.
Los consejeros que sean elegidos tendrán
un desafío que lavarle la cara al IFE, tan golpeado en los pasados doce meses.
Para resistir las presiones de los
partidos políticos los nuevos consejeros del IFE van a necesitar ser gente de
carácter, de mucho carácter, para defender la autonomía del IFE.
Y si de carácter se trata, Joaquín, yo
tengo una propuesta.
¿Qué tal el señor Capela? El presidente
del consejo ciudadano de seguridad en Tijuana, quien frustró un atentado de
sicarios enviados a matarlo.
La
verdad, Joaquín, se necesitará de mucho carácter para enfrentar las presiones
perversas de los partidos, porque los políticos son a veces más peligrosos que
una banda de sicarios del narco.
Porque a diferencia de los atentados, en
política se muere muchas veces, no solo una.
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