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Hace un mes del desastre en Tabasco.
La reacción de los ciudadanos ha sido
ejemplarmente solidaria.
Pero como siempre ocurre en estos desastres,
la situación de los damnificados por las inundaciones tabasqueñas han bajado de
perfil, ya no tienen el dramatismo de los primeros días.
Desafortunadamente el dramatismo de la
ruina de miles de familias persiste.
Cuando ocurrió el desastre, Joaquín, en
este tu espacio se advirtió acerca del riesgo que representaba no actuar con
celeridad, para atajar a los aprovechados luchadores sociales que buscarían
capitalizar cualquier brote de descontento.
Hasta ahora todo parece marchar a buen
ritmo. Pero ya empezaron los retrasos.
El gobernador tabasqueño Andrés Granier
revela que no han llegado los recursos del Fondo Nacional de Desastres
Naturales. Y, claro, menos los 7 mil millones de pesos anunciados por el
Presidente Calderón para iniciar la reconstrucción tabasqueña.
Los recursos navegan en los laberintos de
la burocracia. De escritorio en escritorio, recabando firmas, autorizaciones y
vistos buenos.
Los papeles, claro pueden esperar en los
escritorios, los damnificados no.
Como
se advirtió hace un mes en este tu espacio, los retrasos pueden convertir los
problemas de los damnificados tabasqueños en graves problemas sociales.
Cuando eso ocurra, estará Tabasco a un
paso de entrar en los terrenos de los problemas políticos.
La pregunta, Joaquín, es si a cinco días
de cumplir un año en el gobierno, puede el Presidente Calderón darse el lujo de
permitirse el estallido de un problema político grave en Tabasco.
En el rescate de Tabasco, pienso que hace
falta un manotazo presidencial.
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