|
Falta poco para que se cumpla un año de
que Oaxaca fue rescatada del secuestro de que fue víctima durante muchos meses.
Un secuestro que se prolongó por la
indolencia del gobierno del ex presidente Vicente Fox. Y sólo la presión
ejercida por el Presidente Calderón logró que intervinieran la policía federal
para dispersar a los vándalos de la APPO.
Oaxaca es aún el ejemplo de lo que nunca
debe volver a ocurrir.
Los oaxaqueños no han terminado de
reponerse del desastre económico causado por la violencia.
Pero eso ya no importa.
No le importa al gobernador Ulises Ruiz.
No le importa la recuperación económica de los oaxaqueños. Total, a él le basta
con los recursos federales que reciba.
Prueba de que le basta es que ha
recuperado la vieja práctica de sus antecesores: darle dinero a los grupos
revoltosos,
Sigue la máxima de otro oaxaqueño,
Porfirio Díaz, quien al saber de algunas protestas simplemente opinó: esos
gallos quieren su máiz.
No le importa al gobierno federal, pues
mientras los revoltosos estén en paz se libra la imagen.
No le importa a los partidos, porque como
ya hubo elecciones, los problemas oaxaqueños no los desvelan.
A ninguno le importa que muchos oaxaqueños
no puedan recuperarse de los estragos de un movimiento que fue
irresponsablemente tolerado durante casi un año.
Oaxaca es el ejemplo de que, bajo ciertas
condiciones, en medio de la indiferencia de la República se puede pudrir una
entidad de la Federación.
Y nadie hace nada.
|