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Aprobar la reforma política de 1996, de la
cual surgieron como organismos autónomos el IFE y el Tribunal Federal Electoral
fue el resultado de un acuerdo entre los partidos políticos.
Funcionó hasta que el año pasado las
torpezas del gobierno, las ambiciones partidistas y las tibiezas del IFE
desbordaron a las instituciones.
Hay un nuevo acuerdo entre los partidos.
Ha empezado el proceso para adaptar las leyes secundarias a la reforma
electoral.
Y pronto habrá nuevas reglas electorales.
Aquí, en tu espacio, Joaquín, se ha
advertido sobre el peligro que corre la autonomía de los organismos
electorales.
Los diputados y senadores juran y perjuran
que quieren fortalecer la democracia de la República.
Falso, Joaquín.
Entre las reglas que discuten está una que
prohíbe a los consejeros declarar sobre asuntos a su cargo. Otra que castiga
con la destitución a los consejeros que sean ineptos o descuiden sus funciones.
¿Quién califica una declaración de un
consejero del IFE? ¿Quién determina si hay ineptitud o descuido?
Pues nada más y nada menos que la mesa
directiva de la Cámara de Diputados.
Y a quienes violen esas reglas los
destituirá la mesa directiva de la Cámara de Diputados. Así, sin juicio
político.
Las nuevas reglas electorales que discuten
los diputados echan a la basura la autonomía de los organismos electorales.
Hace 11 años los acuerdos le quitaron a la
Presidencia el control de las elecciones.
Ahora los acuerdos le dan al Congreso el
control de las elecciones.
Eso, ¿es un avance?
Como el cangrejo, Joaquín, marchamos hacia
atrás.
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