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Con la elección de gobernador de Michoacán
y las locales de Puebla, Tamaulipas y Tlaxcala se cierra el calendario
electoral de este año.
Unos perdieron más que otros,
particularmente el PAN, pues no puede ignorarse la pérdida de la gubernatura de
Yucatán. Y, salvo Michoacán, para el PRD no ha sido un buen año.
Buen año para el PRI. Y muchos están
enojados.
No entienden los resultados favorables al
priísmo.
Otros expresan su indignación, porque les
parece incomprensible que el partido que dominó la escena política local y
nacional durante 70 años siga ganando en elecciones.
Pienso, Joaquín, que acá en el altiplano
no se distingue entre elecciones federales y elecciones locales.
Las elecciones locales tienen su propia
lógica, distinta a los criterios de la élite política y académica de la ciudad
de México.
Sin embargo, muchos llevan a nivel absurdo
su indignación por los avances conseguidos por el PRI, y culpan a los
ciudadanos, a quienes acusan de poca conciencia cívica, de dejarse atrapar en
las perversas redes de los intereses locales. O sea, que acá en el DF muchos piensan
que fuera del Distrito Federal los ciudadanos realmente no saben lo que hacen.
Un pensamiento centralista reflejado en la
reforma electoral y muestra la arrogancia de las élites políticas y académicas
del DF. Ellos sí saben, allá en la provincia no saben hacer ni siquiera las
elecciones.
Una expresión más de la arrogancia del
Altiplano, donde las ilustradas élites políticas y académicas repiten aquella
perversa frase de que “fuera de México, todo es Cuautitlán“.
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