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Las
aguas bajan en Tabasco. Ahora el reto es una buena organización del reparto de
la ayuda a los damnificados que fluye de toda la República.
La
organización es indispensable, para impedir que el reparto de ayuda se
convierta en una competencia entre las fuerzas políticas para sacar ventaja de
la situación.
Una
vez retiradas las aguas totalmente, Joaquín, habrá que empezar con la
reconstrucción. Hay indicios de que el Presidente Calderón ha ordenado un
programa para reconstruir las poblaciones afectadas de Tabasco, particularmente
Villahermosa.
Como
tantos cosas en la vida, la reconstrucción exigirá, además del talento de los
técnicos, de dinero, de muchísimo dinero, acorde a la magnitud del desastre.
Los
diputados tendrán que asignar presupuestos para este año, para el próximo y
quizá para lo que resta del sexenio.
La
reconstrucción exigirá de una clara y eficaz división de trabajo. Que sepan que
hacer los gobiernos federal, estatal, municipales y el Congreso federal.
Y
periódicamente tiene que haber una supervisión rigurosa de los trabajos y del
empleo del dinero.
Sólo
así se impedirá la dispersión de esfuerzos, pero sobre todo el desperdicio de
recursos.
Se tendrán que librar muchos obstáculos
burocráticos, las barreras de una normatividad que a veces parece diseñada para
paralizar a los gobiernos.
Especialmente, Joaquín, se necesitará de
mucha habilidad política, de política inteligente, para evitar que Tabasco se
convierta en causa y razón de irracional agitación política.
Aplicar aquella receta de López Mateos, quien
decía:
“…
los sesos bien cocinados son buenos, pero son mejor con huevos…”
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