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La
semana pasada, Joaquín, en este tu espacio se sugirió separar la paja del trigo
en el caso del accidente ocurrido en una plataforma de Pemex, accidente en el
cual perecieron 22 trabajadores.
Nada
ha ocurrido en los días transcurridos que permita modificar esa sugerencia. Al
contrario, hay tantas versiones, tantas acusaciones ligeras que se convierte en
una obligación del gobierno de Felipe Calderón esclarecer el accidente de la
semana pasada.
La
investigación tiene que ser ajena a los intereses puestos en movimiento, a los
señalamientos y a la tentación de desestimar la importancia del accidente.
No
vale la coartada de que ocurrió una tormenta perfecta a causa del cambio
climático.
La
investigación, si se hace bien, llevará muchas semanas, porque hay mucho por
determinar.
¿Las
plataformas involucradas en el accidente estaban en su nivel óptimo de
operación?
¿Cumplían con las normas legales y
reglamentarias de seguridad?
¿Estaba
listo el equipo de emergencia?
¿Estaba
entrenado, bien entrenado el personal de las plataformas, el de Pemex y el de
las empresas privadas para hacer frente a una emergencia? ¿Se cumplieron las
leyes laborales?
Como
se dijo en este tu espacio, Joaquín, todo accidente es la suma de incidentes
menores, los cuales, encadenados, casi siempre terminan en tragedia.
La
investigación debe ser un ejercicio de autocrítica.
Hay
que determinar las causas, decidir si hay culpables, o qué reglas y
procedimientos hay que cambiar.
No
hacerlo así, Joaquín, será imitar a los gatos.
Se
tapará la porquería con la tierra que cubrió a 22 mexicanos.
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