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Como
decías ayer, si no el peor, el accidente en la plataforma Usumacinta de Pemex
es uno de los peores, por el alto costo en vidas humanas, 18 muertos y siete
desaparecidos.
Por
ahora, las circunstancias, la frecuente tendencia a no divulgar información
puntual nos impiden saber siquiera qué pasó.
Sería imprudente exigir ahora saber qué
ocurrió, para saberlo Petróleos Mexicanos tiene que hacer una investigación
minuciosa, que permita averiguarlo y saber si algo falló.
Todos los accidentes suelen ser el resultado
de la suma de una cadena de circunstancias, de fallas o errores menores.
Aislados, esas fallas o errores no tendrían consecuencias graves; pero
encadenados suelen tener desenlaces fatales, como en este caso.
Si se quieren determinan con certeza
cuáles fueron esas fallas o errores. Si se quiere saber qué pasó después,
determinar cuáles medidas de emergencia no funcionaron adecuadamente, la
investigación no puede hacerse sólo con la intención de buscar culpables,
porque entonces no servirá de nada.
Pemex tiene que integrar un equipo de
especialistas, profesionales y técnicos que determinen, primero las
circunstancias que llevaron al accidente. Luego, la eficiencia de las medidas
de emergencia, el entrenamiento del personal.
En
suma, una investigación que permita conocer qué falló y llegar a conclusiones
que permitan, hasta donde es técnica y humanamente posible, evitar otra
tragedia y proponga nuevas medidas preventivas y de emergencia.
Ojalá y sea una investigación seria. Una que
no busque ni proteger reputaciones ni buscar chivos expiatorios.
Se
trata de saber la verdad, para evitar otros accidentes y salvar vidas humanas.
Nada
más, pero nada menos.
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