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Con
la excepción de las elecciones de gobernador en Baja California, donde la
polémica figura de Jorge Hank Rohn produjo una derrota, y de la elección de gobernador
de Michoacán, donde la pelea está entre el PRD y el PAN, en el resto de los
procesos electorales locales celebrados este año han sido favorables al
priísmo.
Gran
recuperación ha tenido en elecciones locales; pero así les pasó el pasado sexenio
foxista.
Y al
final volvieron a perder.
Todo
porque les gana el instinto y terminan peleados. Por esa peleas han perdido dos
veces las elecciones presidenciales y ahora son la tercera fuerza en la Cámara
de Diputados.
No
mantienen en las elecciones federales la fuerza mostrada en las locales.
Y
todo, insisto, por sus rencillas internas que lo llevan a llegar dividido y
confrontado a las elecciones federales.
Ahora están confiados por sus éxitos en las
elecciones locales.
Hay
euforia.
Hasta
empiezan a creer que sí pueden ganar las elecciones legislativas federales de
2009 y recuperar el primer sitio en la representación en la Cámara de
Diputados. Y hasta piensan en Los Pinos.
Pueden hacerlo, pero primero tienen que resistir
su tendencia a pelearse en vísperas de elecciones.
Es
como una maldición gitana. Se dividen y confrontan cuando están cerca las
elecciones federales.
Extrañan todavía al priísta que desde Los
Pinos los ponía en orden.
Es
como si los priístas no se hubieran enterado que perdieron la Presidencia hace
siete años.
Que
la han perdido dos veces.
Y
que la tercera es la vencida.
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