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En 1990, durante una comparecencia del
entonces secretario de Agricultura Jorge Hank González, un diputado lo increpó
varias veces, para obtener solo respuestas muy comedidas del funcionario.
Entonces, el diputado salió indignado del
salón donde se celebraba la comparecencia.
¿Por qué te saliste?, le preguntaron
después.
Porque ya sólo me faltó mentársela a este
tal de Hank y no pude hacerlo enojar.
El pendenciero diputado era Vicente Fox
Quesada.
Los reporteros siempre lo consideraron
soberbio y altanero.
Como Presidente sólo la aureola de la
figura presidencial de alguna manera arropó su mal talante.
Si no respetó su investidura presidencial,
¿por qué esperan que respete la investidura del Presidente Calderón?
A él le gustan los reflectores, ser el
alma de la fiesta.
¿Acaso no te dijo, Joaquín, en su primer
año de gobierno, que le gustaba más ser candidato que Presidente?
¿Por qué ahora no va a buscar los
reflectores? ¿Por qué pedirle prudencia y sensatez al ex presidente Vicente
Fox? ¿Cómo pedirle que diga siempre la verdad?
Fox es como es, como ex presidente, no
sólo no cambia, empeora.
Sin embargo, me quedé frío cuando le dijo
a Larry King: “… yo amo a este país, soy parte de este país”. Pero no se
refería a México, sino a Estados Unidos.
Escucharle decir que ama a Estados Unidos
y que se siente parte de esa nación, Joaquín, me dejó mudo.
Bueno,
no precisamente mudo. Sólo que las leyes prohíben decir ante este micrófono lo
que pensé y pienso de Vicente Fox.
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