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En
las recientes semanas hemos recibido Joaquín información más que suficiente
acerca de la difícil situación financiera del Instituto Mexicano del Seguro Social.
La
información difundida ha buscado el apoyo de la opinión pública para que el
sindicato de trabajadores del IMSS acepte una reestructuración a la baja de las
prestaciones, prestaciones que dicen son el meollo de la crisis financiera del
Seguro Social.
Quizá la dirección del Seguro Social
convenció a la opinión pública de que el sindicato debe ceder.
Pero, ¿convenció a los trabajadores del IMSS?
Como sea, el tiempo corre y, mientras desde
la dirección general del Seguro se subraya la mala situación del instituto,
desde las trincheras del radicalismo político se mueven fuerzas para convencer
a los trabajadores sindicalizados de que les quieren arrebatar lo ganado.
Hay
un movimiento que impugna hasta al secretario general del sindicato Valdemar
Gutiérrez.
Algunos sectores de la izquierda, más
cercanos al ex candidato presidencial del PRD Andrés Manuel López Obrador,
quieren reventar las negociaciones.
A
menos de una semana de que venza el plazo para firmar el nuevo contrato del
IMSS con su sindicato ya sólo queda conseguir el acuerdo posible. No el
necesario, sólo el posible.
Ni
siquiera piensen en repetir lo ocurrido en la UNAM hace ocho años.
Sin
subestimar a la UNAM, el IMSS es algo más, más cercano a la gente.
Sería
una locura dejar que estallara una huelga en el IMSS.
Una
grave irresponsabilidad política y social.
Para
el gobierno y para el país sería como un salto al vacío.
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