|
Hace
unas semanas, cuando en este tu espacio se comentó la reforma electoral que por
cierto ya pronto estará en la Constitución, comentó Roy Campos sus reservas
sobre la dificultad que tendría el IFE para sancionar la propaganda negativa.
Esta
semana se publicó un desplegado suscrito por legisladores panistas en el cual
acusan al PRI y al gobierno de Tamaulipas de vínculos con las organizaciones
del crimen organizado de la entidad.
La
respuesta del Comité Ejecutivo Nacional del PRI ha sido la obvia: rechaza
enérgicamente los señalamientos de los legisladores panistas.
Es
evidente que los panistas no pueden probar su acusación. Tampoco parece interesarles
mucho probarla.
Claro ejemplo de propaganda negativa. El PAN
lo hace por estar rezagado en las encuestas para las elecciones locales en
Tamaulipas.
Se
supone que cuando estén vigentes las reformas constitucionales en materia
electoral no podrán hacerse acusaciones desmesuradas, sin fundamento.
La
duda es si el IFE podrá, como se imaginaron los autores de la reforma
electoral, impedir la propaganda negativa.
Habrá sanciones ejemplares cuando se cambie
el código electoral, nos dicen.
Pero
los partidos políticos y sus candidatos podrán hacer un cálculo. ¿Cuál es la
sanción? Y creen poder ganar con propaganda negativa, se dirán que el riesgo
vale la pena.
Esa es
la diferencia entre lo ideal y la realidad.
Tal
parece que a los diseñadores de la reforma electoral les dio por construir un
marco legal ideal.
Una
utopía.
Y
para utopías, Joaquín, la de Tomás Moro, con la diferencia de que él fue santo.
|