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Ayer, con el voto del Congreso de Baja
California, se alcanzó la mayoría necesaria para que las reformas
constitucionales en materia electoral puedan ser publicadas y se conviertan
obligatorias.
Los senadores no tienen prisa. Esperarán a
que más Estados voten por la reforma electoral.
Como nos lo recordó Roy Campos el pasado
miércoles, lo que sigue es que a partir del 15 de octubre cualquier día tendrán
que salir del IFE Luis Carlos Ugalde y después dos de los actuales consejeros
electorales.
Cuando en el Congreso tengan que designar
al reemplazo del doctor Ugalde estarán a
prueba estas reformas constitucionales en materia electoral.
Uno de los pretextos para quitarlo es que
su designación fue resultado de siniestros intereses de partido.
En estricto rigor, es lo que intentaron
corregir los legisladores. Que el próximo consejo del IFE, y para empezar quien
reemplace al doctor Ugalde, deberá ser aprobado cuando menos por los tres
grandes partidos: PAN, PRI y PRD.
Digo que la reforma electoral tendrá
su primera prueba, Joaquín, porque se supone que quien sustituya al doctor
Ugalde tendrá que ser alguien políticamente puro, moralmente impecable,
reconocida integridad intelectual y personal.
¿Y quiénes decidirán cuál es el
distinguido mexicano que reúne todas esas valiosas prendas de carácter?
Pues los legisladores, Joaquín, igual que
antes, aunque ofrezcan una consulta ciudadana.
Si al final del día el nuevo presidente
del IFE es el resultado de negociaciones entre los partidos, si sólo hay un
cambio de personas, no de métodos, se repetirá la historia de Lampedusa.
Todo habrá cambiado, para seguir igual.
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