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A
juzgar por su comparecencia de ayer ante el pleno de la Cámara de Diputados, el
Secretario de Gobernación Francisco Ramírez Acuña tiene problemas.
Para empezar, el salón de plenos de San
Lázaro se fue vaciando de diputados conforme avanzaba la comparecencia. Hasta
los panistas empezaron a retirarse.
Los
diputados, que tanto respeto exigen a su investidura, mostraron que no tienen
el menor respeto por aquellos a quienes invitan a comparecer.
Luego el nivel de las intervenciones,
Joaquín, de pena ajena.
Lo
menos que puede decirse de muchas de ellas es que fueron un despliegue de
groserías y de insultos.
¿Para eso invitaron al Secretario de
Gobernación? ¿Para poder insultarlo en su cara?
Lo
menos que puede decirse de la actitud de muchos diputados es que fue una
actitud cobarde, porque sabemos muy bien que cualquier funcionario que acude
ante el pleno está indefenso. No puede responder a las groserías e insultos,
porque entonces se tiran al drama los diputados.
Sin
embargo, lo importante es que por momentos el Secretario de Gobernación se vio
muy solo.
Da
la impresión de que en Los Pinos decidieron dejarlo así, muy solo.
Uno
se desconcierta, Joaquín, porque a juzgar por lo ocurrido en la comparecencia
de ayer y por las reacciones en algunos medios de comunicación, tal parece que
en Los Pinos se decidió retirarle cualquier cobertura al Secretario de
Gobernación.
Le quitaron la red de protección.
Si ya no es útil el Secretario de
Gobernación, pues basta con cesarlo.
Es
rudeza innecesaria someterlo a una humillación.
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