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Anoche,
Joaquín, escuché con inquietud el reportaje que presentaste sobre la situación
del Instituto Mexicano del Seguro Social.
No
hay dinero para atender a pensionados y jubilados, dice al señor Juan Molinar
Horcacitas.
¿Qué
harán los jubílales y pensionados cuando necesitan atención médica?
Resulta
que después de cotizar durante 2,231 semanas, 43 años, Joaquín, todo ha sido
inútil, pues según el señor Molinar ahora soy una carga, un lastre para la
institución.
Durante 43 años, Joaquín, casi nunca recurrí
al Seguro Social, por pensar que mientras pudiera acudir a la medicina privada,
sería injusto quitarle un espacio a quién sólo puede atenderse en el Seguro
Social.
Comprendo los argumentos técnicos presentados
por el señor Molinar Horcacitas.
Pero
actualmente el número de afiliados del Seguro es apenas superior al que tenía
al término del sexenio de Zedillo.
Me
pregunto como sería la situación de Seguro Social si hubiera suficiente empleo
y tuviera como derechohabientes a los millones de mexicanos que emigraron y a
los desempleados y subempleados que se quedaron.
Me
pregunto, Joaquín, si el problema no serán las políticas económicas de los
últimos quince años, modernas, de primer mundo, pero fabricantes de
desempleados.
Es
lo que nos dejaron, nos dirán. Sí, pero nadie los invitó al gobierno. Ellos,
los actuales funcionarios, se morían por hacerse cargo de los asuntos de la
República.
Ahora que se quejan, recuerdo una broma que
hacíamos a quienes tenían dificultades para cumplir con una tarea.
Les
decíamos: digan si no pueden, para entonces traer unos negros.
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