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Por
ahí escribió José Woldenberg que la política puede servir para evitar la
violencia y exorcizar al México bronco.
Pero
hasta los exorcismos tienen su límite, Joaquín.
No
piensan así en el Senado, donde ayer surgió una atrevida, aunque poco original
fórmula para lidiar con el EPR y, dicen,
poner fin a los atentados.
El
senador panista Ulises Ramírez propone instalar una mesa de diálogo, en la cual
se sentaría una comisión de legisladores con la guerrilla para, según dijo,
“atender, escuchar y solucionar" lo que llamó justas demandas del EPR.
O
sea, otro zapatour.
Me
desconciertan los senadores, Joaquín, pues apenas hace unos días el Procurador
General de la República Eduardo Medina Mora calificó al EPR como un grupo
terrorista.
Por
lo visto para los senadores los guerrilleros del EPR no son terroristas, son
sólo un grupo de mexicanos desorientados y confundidos.
Pero
eso no es todo. Como era de esperarse, ya el senador perredista René Arce Islas
propone que para que se instale la mesa de diálogo, el gobierno de Felipe
Calderón tiene que declarar un cese al fuego. Y, claro, desistirse de proceder
penalmente contra los responsables de los ataques a los ductos de Pemex.
No
cabe duda, la bandera de redentor social, sirve para todo, hasta para
justificar atentados contra los bienes de la Nación.
Esta
actitud del Senado, Joaquín, se parece a la de aquel padre de familia que al
enterarse que sus hijos secuestran y asesinan sólo exclama: ¡ah, que muchachos
tan traviesos, voy a hablar con ellos!.
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