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Hoy
el Presidente Felipe Calderón ha puesto formal y oficialmente en marcha los
trabajos de la Comisión para el Bicentenario de la Independencia y el Centenario
de la Revolución.
Es
adecuado haberlo hecho en septiembre, cuando la mayoría de los mexicanos, cada
quien por sus razones, compartimos una suerte de sentimiento patriótico.
El
programa anunciado abarca todas las disciplinas de la historia y la cultura, y
tiene profundidad, pues parece tener el objetivo de reconciliarnos a los
mexicanos con nuestra historia y con los hombres de nuestra historia.
Incorregible optimista que soy, confío que la
celebración del Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la
Revolución no se contamine por las interminables rencillas entre intelectuales
o entre políticos.
Singular reto para el Presidente Calderón,
pues al conmemorar la Revolución Mexicana tendrá que batallar contra muchos
prejuicios ideológicos. Los de quienes en una reducción histórica y maniquea,
oyen hablar de la Revolución y sólo piensan en el PRI.
Honrar con igual intensidad a los hombres de
la Independencia y a los hombres de la Revolución será un paso trascendental para
la ansiada reconciliación nacional.
Pero, si no somos capaces de olvidar nuestras
diferencias para celebrar con dignidad la Independencia y la Revolución,
Joaquín, si prevalecen las mezquinas e irracionales rencillas intelectuales y
políticas, no tenemos remedio.
El
pasado nos pesa mucho, me dijo hace poco Héctor Aguilar Camín.
Quizá tiene razón, pero recuerdo una
afirmación de Fernando Savater, quien dijo que si no somos corresponsables del
pasado, tampoco tendremos derecho a reclamarnos legítimos propietarios del
futuro.
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