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Algo cambió en los grupos armados que
operan en México.
Hasta antes de los atentados contra ductos
de Pemex en Guanajuato en julio pasado, El EPR utilizaba artefactos casi
artesanales, realizaba atentados sólo testimoniales, para decirnos: aquí
seguimos.
Pero los atentados de julio pasado en
Guanajuato y los de ayer en Veracruz muestran un cambio de tácticas, de
estrategia.
Los artefactos ya no son artesanales, son
más sofisticados. Recibieron ayuda y entrenamiento para preparar artefactos más
complejos.
Entrenamiento para mejorar su capacidad de
organización, suficiente como para coordinar seis explosiones simultáneas en
seis sitios distintos.
Repentinamente los atentados han dejado se
ser testimoniales. Ahora tienen un claro y peligroso objetivo: afectar la
infraestructura industrial de la República.
Las explosiones de la madrugada de ayer
paralizarán por casi una semana las actividades de cientos de industrias,
algunas de ellas de las más grandes de la República.
Hay una estrategia política. Al dañar a la
infraestructura industrial, o al menos paralizarla por una semana, se siembra
la desconfianza en el gobierno.
Lo de menos es sí los atentados los
cometió el EPR o cualquiera otro grupo.
Hay demasiadas preguntas en esto.
¿Quiénes los entrenaron en la utilización
de explosivos modernos? ¿Quiénes se los dieron?
¿Quiénes los capacitaron en la
organización de los atentados? ¿Quién escogió blancos tan estratégicos?
Sobre todo.
¿Quiénes diseñaron la nueva estrategia
político-militar de los grupos armados?
Esta nueva estrategia político-militar nos
hablaría de una peligrosa alianza y colaboración entre los grupos armados y
algunos grupos políticos.
El peor de los mundos, Joaquín.
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