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Cuando
el Presidente de la República Benito Juárez consiguió el restablecimiento del
Senado de la República, uno de sus argumentos enviados por escrito a la Cámara
de Diputados fue que en el Senado habría representación equitativa, igualitaria
de los Estados de la Federación.
Decía el Benemérito que en la Cámara de
Diputados tenían más representación los Estados de la República con más
población. Y que la Cámara de Senadores le daría igual representación a las
entidades de la Federación en la discusión de las leyes.
Así, desde entonces siempre hubo dos
senadores por cada Estado de la República.
De pronto hubo tres por Estado, los llamados
de primera mayoría. Y el Senado tuvo 96 senadores. Aún así, se mantenía la
representación igualitaria de los estados.
Pero todo se descompuso cuando se tuvo la
ocurrencia de crear los senadores de representación proporcional. De acuerdo a
las circunscripciones en que se ha dividido la República.
Y ahora, el Senado tiene 128 senadores, 32
más.
Y se ha roto el principio de representación
equitativa de los Estados.
Y con ello se ha pervertido la esencia del
Senado de la República.
Curiosamente, Joaquín, ese es un tema que no
aborda la reforma política, quizá se abordará en la reforma del Estado.
Como sea, Joaquín, es necesario que el
Congreso corrija la distorsión que representa la existencia de senadores
plurinominales.
Y que se restablezca la igualdad entre las
entidades de la República que reclamaba el Benemérito.
No es una decisión fácil, porque la
iniciativa la tendrían que votar los senadores.
¿Se atreverán?
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