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La segunda parte del discurso de ayer del
Presidente Calderón en Palacio Nacional, un mensaje a la Nación debería ser el
formato para el próximo uno de septiembre.
Convocó
a discutir las reformas necesarias para atender los graves problemas de la
Nación.
Y ahora quieren cambiar todo. Ya encajerado el
Congreso, ninguna institución estará a salvo.
Al
menos, por ahora, no lo estará el IFE.
Las
instituciones autónomas no son inamovibles, dijeron los dirigentes de los tres
grandes partidos en el programa que transmitiste la noche del pasado sábado.
Sí
lo son, Joaquín, pero mediante procedimientos que están en el artículo 110 de
la Constitución. Pero ellos, los partidos políticos, no quieren saber de
procedimientos.
El
IFE se va, porque se va. Si, según los partidos las instituciones autónomas
están a su disposición, ¿qué les impedirá cambiarle el nombre al Banco de
México y desaparecer su autonomía?
Los
cambios institucionales no debieran hacerse a la ligera. Al menos no con la
prisa con que actúa el Congreso.
La
ejecución del IFE es el resultado de una negociación política entre el PAN, el
PRI y el PRD.
Pienso todavía que se trata de una venganza
política, aunque los partidos nos digan como Vito Corleone en “El Padrino”: no
es nada personal, son negocios.
Dijo
el Presidente que la Nación necesita acuerdos, sí, pero acuerdos trascendentes,
no acuerdos mezquinos.
Quizá
por eso el sábado reconoció Beatriz Paredes que a las élites políticas les
falta más grandeza, más estatura moral.
A
confesión de parte, Joaquín, relevo de pruebas.
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