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Ha empezado a movilizarse la comunidad de
la UNAM para el proceso de sucesión del rector Juan Ramón de la Fuente.
No
tendrá una tarea fácil aquel que suceda al doctor de la Fuente en la rectoría
de la UNAM.
Hay
que recordar cómo llegó el rector de la Fuente. Llegó en uno de los momentos
más oscuros de la vida de la universidad.
Un
paro de doce meses la mantuvo paralizada, en manos de agitadores políticos.
Cuando los ciudadanos estaban hartos del paro, el Ejército desalojó a los
paristas en una operación excepcional por su limpieza legal y jurídica.
Y
empezó la reconstrucción.
Durante todos estos años la universidad ha
empezado a recuperar su carácter de paradigma de esa universidad pública donde
hasta hace poco se formaron los dirigentes empresariales, sociales y políticos
de México.
La
UNAM, durante la rectoría del doctor de la Fuente ha estado en paz, ha
recuperado su dinámica creadora y ha conseguido reconocimiento internacional,
el reconocimiento que la agitación política había desgastado.
Ha
empezado a recuperar la UNAM su capacidad para ser factor de capilaridad
social, a ser vía para ascenso económico y social, lo cual es fundamental en un
país con tanta desigualdad.
Esa
es la tarea social y política más importante para las universidades públicas.
Por
eso, Joaquín, no será fácil continuar la tarea del rector de la Fuente. Quien
le reemplace deberá tener, además de irreprochable capacidad académica, con
excepcional capacidad política para conciliar a tantas y contradictorias
fuerzas que conviven en la UNAM.
Vaya
reto, Joaquín.
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