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Cuenta
Carlos Salinas de Gortari como fueron sus primeras conversaciones con George Bush padre cuando por primera vez se
discutieron los lineamientos generales de lo que luego sería el Tratado de
Libre Comercio de América del Norte.
Relata
que le pidió a Bush que la frontera también permitiera el libre flujo de
personas. Bush respondió que a cambio Estados Unidos querría que México abriera
su sector energético a la inversión extranjera.
Salinas dijo que el Congreso mexicano no lo
aceptaría. Bush dijo que su Congreso tampoco permitiría el libre flujo de
personas.
Y
decidieron dejar ambas cuestiones fuera del Tratado de Libre Comercio.
Ahora
que el Presidente Calderón se entrevista con los mandatarios de Estados Unidos
y Canadá, hay quienes quieren que insista en lo del acuerdo migratorio.
Sería inútil.
Porque
a 18 meses de las elecciones presidenciales ningún político norteamericano se
va a suicidar.
Es
que van a deportar a millones de mexicanos, nos dicen.
Por
favor. Estados Unidos no tiene ni los recursos humanos ni el presupuesto que
exigiría deportar a varios millones de personas.
Sus
granjas y sus industrias necesitan, como el oxígeno, la mano de obra barata de
los ilegales para funcionar y ser competitivas.
No nos impresionemos con la retórica de
campaña, porque allá, Joaquín, ya empezó la campaña por la Presidencia de
Estados Unidos.
La
situación será difícil para los ilegales, sí, pero nunca ha sido fácil.
La
realidad es que Estados Unidos no tiene la voluntad política de meterse en el
embrollo de las deportaciones masivas.
Así
de simple.
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