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Hoy llega el PRD a su décimo congreso
nacional después de una larga jornada de doce meses.
Han
sido doce meses que para muchos han sido una catarsis para desahogar el natural
desaliento provocado por la derrota en las elecciones presidenciales.
Debe
reconocerse que de alguna manera el movimiento de López Obrador ha encauzado la
frustración y desaliento provocados por la derrota en las elecciones presidenciales.
Quizá
la proclamación de presidente legítimo haya sido un error, pero el hecho es que
la creación del Frente Amplio Progresista le ha dado a López Obrador un margen
de maniobra como no había tenido ningún candidato presidencial perdedor.
Pero
al encauzar por la vía de la intransigencia su movimiento, el ex candidato
presidencial le hace más difícil al PRD y a sus legisladores cumplir con sus
tareas de gobierno.
Porque al ser la segunda fuerza en el
Congreso, el PRD, quiéralo o no, forman parte de uno de los Poderes de la
Federación y, por lo tanto, forman parte del gobierno.
Lo
curioso, Joaquín, es que la mayoría de los perredistas sienten la
intransigencia de López Obrador como un lastre para el partido; pero saben que
no pueden prescindir de su figura política más importante.
Al
mismo tiempo, para López Obrador sería prematuro y un error mayor provocar un
desprendimiento del partido y tomar su propio camino.
El PRD necesita a López Obrador y López
Obrador necesita al PRD.
Todos
lo saben, menos López Obrador. Por eso no sabemos que pasará en el congreso
nacional perredista.
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