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Hace un año, Joaquín, se comentaban en este
tu espacio de las provocaciones que grupos bejaranistas y sus intentos de
instalar un campamento en la entrada principal del recinto de la Cámara de
Diputados.
Había una atmósfera envenenada para el último
informe de Fox, informe que sólo pudo entregar por escrito en la vestíbulo,
porque la tribuna estaba tomada por legisladores del PRD.
A un año de distancia, Joaquín, seguimos
discutiendo el mismo tema. Y haciéndonos la misma pregunta que hace doce meses
nos hacíamos .
¿Cómo será la ceremonia del Informe
Presidencial el próximo uno de septiembre?
En Los Pinos se hicieron la pregunta y decidieron que, como los
perredistas todavía se dicen agraviados y no quieren reconocer a Calderón como
Presidente, había que forzarlos a aceptar un debate el uno de septiembre, allí
en el recinto legislativo.
Con el debate, se dijeron, tácitamente
estarán reconociendo al Presidente Calderón.
Por eso la propuesta del panista Héctor
Larios para cambiar la ley orgánica del Congreso y permitir el debate entre el
Ejecutivo y el Legislativo.
Somos muchos, Joaquín, quienes creemos que un
debate entre el Presidente y los legisladores altera la división de poderes.
Esa constitucional división de poderes ha
sido calificada por el constitucionalista Jorge Carpizo como una sabia división
de tareas que permite mejor control entre ellos.
Pero quieren cambiar las reglas en aras de circunstancias
coyunturales y objetivos personales.
Una prueba más, Joaquín, de que hemos
convertido a nuestra democracia en una versión de la historia de Lampedusa.
Todo cambió, para seguir igual.
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